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Restauración de obras de arte en general. Estudios, peritaciones y tasaciones.

viernes, 31 de octubre de 2014

SAN ANDRÉS DE MAZARRÓN Y SUS PINTURAS MURALES (III)




Así la encontramos y de este modo ha quedado...



Un dato interesante de estos trabajos ha sido el encuentro fortuito, en la zona del tambor y bajo una capa fina de temple blanco, de una inscripción con el nombre y fecha del autor de las pinturas, que reza así: “Esta ovra se acabo, año de 1744. Diego Marin”. Lo que viene a ratificar que las obras de ampliación de la iglesia se realizaron con cierta celeridad si, tal como podemos ver en el artículo documental que enlazamos, al parecer entre 1742-43 se estaban recaudando fondos para la misma. (http://www.fotozielinski.com/san-andres-de-mazarron/).
¿Quién pudo ser el tal Diego Marín, del que no tenemos noticias? Buscando y rebuscando nos encontramos en la página 519 del libro de la profesora Concepción de la Peña, El Retablo Barroco en la Antigua Diócesis de Cartagena. 1670-1785, referencia a un Diego Marín del Pîno como dorador, que en 1730 trabaja en elretablo de la sala capitular del Ayuntamiento de Murcia, lo que nos da una pista sobre su posible relación, con el de mismo nombre de la parroquia de San Andrés de Mazarrón, es que en 1742 tasa el trabajo de Andrés López Zafra, maestro pintor y dorador, en el retablo mayor de San Antonio de Padua de Mazarrón (Archivo Hco. Provincial de Murcia. Esno García Vega, prot. 2.911, ff. 149-150v)…sinceramente no creemos en que sea una simple coincidencia nominal, por lo que tenemos a un artista que, además del dorado, es capaz de realizar composiciones pictóricas de cierta complejidad, como pueden ser los tres destacables grandes retablos de ilusionismo  arquitectónico de nuestra parroquia.

También se descubrió, en el momento de su restauración, la presencia de las iniciales G M en la zona superior izquierda del retablo, muy discretamente camufladas para pasar desapercibidas. Probablemente el G M pudo ser un ayudante del equipo de Marín e incluso, por coincidencia de inicial, algún familiar del mismo.

Durante la intervención en el retablo lateral del brazo izquierdo del crucero se recuperó parcialmente el texto que contenía el medallón central superior;  contando con la colaboración del experto latinista D. Miguel Ángel García Olmo, al que agradecemos en lo que vale su valiosa ayuda, quien no solo completo y tradujo el texto, sino que nos indicó su origen y la advocación a la que estaba destinado, Santa Bárbara, la que sin duda debió tener un lugar preeminente en esta iglesia, al ser la patrona de los mineros.
 
Retablos del crucero.



Una pena que no se hayan podido solucionar por completo los graves problemas de humedad.


martes, 21 de octubre de 2014

SAN ANDRÉS DE MAZARRÓN Y SUS PINTURAS MURALES (II)



A lo largo de varios años ASOARTE ha venido realizando campañas para la recuperación de las pinturas murales de esta iglesia, entre 2005-6, iniciadas a partir de la rehabilitación integral de la misma.  

Los principales problemas que presentan las pinturas murales de San Andrés de Mazarrón, además de grietas y picados, en las zonas correspondientes a los retablos además con grandes pérdidas producto de la colocación sobre estos de retablos en madera, vienen derivados de la intensa humedad por capilaridad de todos sus muros, algo que no parece posible desterrar a pesar de los diferentes medios que se han empleado.  

Nuestro trabajo ha consistido fundamentalmente en la consolidación de los originales, que cobraron una intensidad cromática espectacular, la eliminación de los numerosos restos de yesos sobrepuestos a las pinturas y la reintegración de las miles de pequeñas faltas, rehaciendo con tintas planas aquellas pérdidas mayores, siempre que tuviéramos suficientes datos para ello, con el fin de dejar dignamente y perfectamente legibles unas obras que han de cumplir una función devocional. Nos ha ayudado mucho en la recuperación de volúmenes el hecho de que, aun habiendo perdido color, amplias zonas conservaba el precioso dibujo original a grafito. 

Aspecto inicial que presentaba el retablo del altar mayor.

Un detalle del estado de las pinturas en la capilla junto al presbiterio.

El pequeño retablo de la entrada (arriba) y el retablo de Santa Bárbara (abajo) al inicio de los trabajos.


Consolidación de las pinturas (arriba), eliminación de morteros sobrepuestos (abajo).

 
 Descubierto lo que permanecía todavía tapado, pueden observarse los trazos de dibujo aflorando de la misma pintura (arriba). La regularización de la superficie, con el estucado y desestucado de las numerosas faltas, da paso a la reintegración de las carencias (abajo).




viernes, 17 de octubre de 2014

SAN ANDRÉS DE MAZARRÓN Y SUS PINTURAS MURALES (I)



Una iglesia tan interesante como desconocida, cuyos orígenes se remontan al s.XVI, cuando la explotación minera, y más concretamente la del alumbre, favoreció que dos importantes casas, la de los Velez y la de los Villena, dejaran testimonio en piedra de su paso por este entonces pequeño pueblo. En el caso de San Andrés, por iniciativa del duque de Escalona, de la casa Villena.
                Lo que en principio fue una modesta ermita de estilo mudéjar, conservando todavía su sencillo artesonado, tuvo una importante transformación en el s.XVIII, con la gran ampliación de su cabecera y una nueva decoración, acorde con los gustos y modas del momento. Es entonces cuando San Andrés se cubre de pinturas en una verdadera explosión de color.
                Y eso es lo más llamativo de los retablos restaurados en la parroquia de San Andrés de Mazarrón, y en especial en el que corresponde al presbiterio, el intenso colorido que conserva, a pesar de sus grandes infortunios, entre los que hay que destacar la saña con que fue picado para que agarrara en su momento una gruesa capa de enlucidos; es más que probable que nos falten los matices y pátinas de luces y sombras que le aportarían unas calidades cromáticas que hoy se echan en falta y que, a tenor de las correctas trazas que presenta el dibujo, sin duda tenía. 
Volviendo al colorido, hemos de apuntar la utilización de una gama de pigmentos directamente relacionados con los que nos proporciona la misma tierra en la que estamos, Mazarrón y sus minas; los óxidos derivados del terreno ferruginoso, del ocre al negro, pasando por esos preciosos tonos de rojo intenso o almagra, y que es más que probable fueran extraídos directamente de los desechos de las mismas.

Vista de una de las minas de Mazarrón

 Detalle de las pinturas murales de la capilla lateral izquierda del presbiterio, de San Andrés de Mazarrón, donde puede observarse la coincidente gama cromática.

EL RETABLO PINTADO. ILUSIONISMO ARQUITECTÓNICO EN MURCIA.



Cada día, gracias a los trabajos de restauración llevados a cabo en las iglesias de nuestra Región,  van apareciendo nuevos ejemplos de esta modalidad de retablos que se hallaban ocultos bajo capas de gruesos enlucidos, bien por su natural deterioro o por haber sido sustituidos en su funcionalidad por otros de talla, de mayor empaque y riqueza. El equipo técnico de ASOARTE tuvo la suerte de descubrir casualmente y poder recuperar el inédito retablo del altar mayor de la parroquia de San Miguel Arcángel de Mula, olvidado tras siglos de haber permanecido oculto por el desaparecido retablo en madera; pero también ha intervenido a lo largo de varias campañas en la restauración de otros cuatro retablos, de distinta magnitud, pertenecientes a la parroquia de San Andrés Apóstol de Mazarrón.
Quizás poco considerados, en cuanto a su valoración artística, y muy poco estudiados, es momento de hablar un poco de ellos, por lo que tienen de desconocidos para muchos amantes del arte y el patrimonio.
Los retablos pintados en trampantojo, arquitectura fingida o ilusionismo arquitectónico fueron muy habituales, dignificando el espacio sagrado, por tratarse del mejor recurso para abaratar costos y por su relativa rapidez de ejecución  frente a los retablos en madera, incluso con anterioridad al impulso directo que este tipo de obra tuvo durante el reinado de Carlos III, a través de la normativa de 25 de noviembre de 1777, a raíz del gran incendio del Santuario de Covadonga, y que favoreció este tipo de retablos sobre los de madera. Una nueva carta-orden de Carlos IV de 8 de noviembre de 1791 renueva, tras el incendio de la cárcel de Madrid por un fuego originado precisamente en el retablo de su capilla, lo dispuesto por su predecesor Carlos III.
En nuestro anterior blog, por desgracia desaparecido de la red, expusimos un largo artículo sobre el retablo de San Miguel de Mula, que intentaremos recuperar y reproducir próximamente.
 El aspecto inicial de la parroquia de San Miguel de Mula y, bajo estas líneas, tras su restauración y con la recuperación del retablo oculto.

jueves, 2 de octubre de 2014

RESTAURACIÓN DE UNA ESPECTACULAR CAMA VICTORIANA S.XIX



A veces llegan al taller piezas que son auténticamente de museo, este es el caso de una maravillosa cama victoriana que, a pesar de su aparente pésimo estado de conservación, estaba completa y únicamente era necesario eliminar la gruesa capa de suciedad y barnices oxidadisimos para que renaciera con todo su esplendor.

Estado inicial del piecero, donde se concentra la más rica decoración de pinturas y nacar.

 Estado inicial del cabecero

Piecero restaurado.

Un detalle de la decoración que alterna pintura y madreperla sobre el papier maché lacado a la negrosilla.

Cabecero restaurado.

FICHA TÉCNICA.



Obra: Mobiliario.

Título: Cama.

Autor y época: Fabrica JENNENS & BETTRIDGE (Aaron Jennens y TH Bettridge) de Birmingham (Inglaterra). Activos entre 1815-1864.

Técnica: Papier mâché y hierro, lacado y policromado con incrustaciones de nácar y elementos de latón.

Medidas: Cabecero 163,00 x 139,00 cm. / Piecero 149,00 x 139,00 cm. / Largueros 188,00 x 8,00 cm.

Propietario: Colección particular.



Características: Cabecero y piecero de cama de molde, exentos, con soporte de papier mâché decorado con policromía y embutido de madreperla, entre columnas de hierro de fundición. El acabado general de las piezas está realizado en laca.



La parte superior de ambas está recortada formando curvas de formas sinuosas, y los copetes están enroscados hacia atrás formando volutas en la zona central.



La decoración se presentan distribuida con abundancia tanto en las zonas de tableros, como en los elementos metálicos, pero es mucho más profusa en el piecero, que además cuenta con un gran cuadro central con paisaje, según puede observarse en el ángulo inferior derecho del mismo corresponde a una vista romántica del Castillo de Segovia. La policromía y el nácar o madreperla forman guirnaldas de motivos florales, combinados con formas onduladas de embutidos de madreperla bordeados de líneas de purpurinas.

Los tableros están unidos a las columnas metálicas, que forman las patas, en su parte posterior por dos barras de hierro pintadas de negro.


Los extremos superiores de las columnas de hierro están rematados con bolas de latón dorado.

Fotos y texto: Mª Loreto López Martínez.